Cada solicitud sigue el mismo recorrido: primero se mide el hueco real, después se elige el tipo de anclaje y al final se monta el sistema con la carga ya calculada.
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1. Medición del espacio y del equipo
Antes de recomendar nada, se revisan las tres cifras que condicionan todo lo demás: el material del muro, la altura libre hasta el techo y el peso real del equipo con sus accesorios. Un casco con visera, una chaqueta con protecciones o unas botas mojadas pesan más de lo que parece cuando cuelgan durante meses. Con esos datos se descartan opciones que no aguantarían o que obligarían a taladrar en zonas débiles.
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2. Elección del tipo de soporte
Según el resultado de la medición se decide entre brazo fijo de pared, brazo articulado o riel de techo. El brazo fijo es la opción más limpia cuando el equipo se queda quieto toda la temporada; el articulado gana sentido si hay que apartar la pieza para pasar por el pasillo; el riel de techo libera suelo y sirve para botas y fundas voluminosas. Cada variante lleva indicado su peso máximo recomendado y el espacio libre que necesita para ventilar.
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3. Instalación y comprobación de carga
El montaje se hace con tacos de expansión metálicos o anclaje químico si la pared es de ladrillo hueco o pladur. Después de fijar el soporte se cuelga una carga equivalente a la real durante unas horas antes de dar el sistema por bueno. Es el paso que evita sorpresas en primavera, cuando el peso ha estado trabajando sobre el anclaje sin que nadie lo mirara.